viernes, 26 de mayo de 2017

Con sólo una esterilla

El otro día compartí desde la página de facebook un completísimo artículo de Insayoga sobre las 8 mejores esterillas de yoga del mercado (si, a pesar de que casi había desaparecido de blogger, aún compartía y sigo compartiendo alguna cosilla por facebook, y menos mal que nos quedan las RRSS). No suelo tener muchos comentarios en mis entradas, aunque alguna vez, alguien comenta, comparte o cita a otra persona con la intención de que la requerida pueda leer el artículo. Justo pasó esto el otro día. Encontré un comentario en el que se aludía a los grandes maestros yoguis que extendieron el Yoga a nivel mundial sin tantas modernidades... ¡cuantísima razón tiene!, pensé yo. Pero también esto me llevó a pensar en la necesidad de una buena esterilla y qué elementos realmente precisaría un practicante de Yoga, si quiere amplicar su práctica y realizar también en su casa, los día que no vaya a clase

Como en todo lo que de una forma o de otra, se pone "de moda" (cosa que no debería de pasar con una filosofía y actividad como el Yoga, puesto que lleva entre nosotros miles de años y, si lo preservamos por encima de ego, postureo, modas y florituras, el verdadero Yoga siempre tendrá su lugar), las grandes marcas ven un filón para "diseñar" todo tipo de artilugios y accesorios con el fin de crearnos necesidades reales o ficticias y vender sus productos (también hay que decir que en muchas ocasiones dan en la diana y sus estudios nos ayudan a conseguir mejor nuestros objetivos). Nos encontramos así a veces con todo un maremagnum que da lugar a no saber si por dónde comenzar. Tal es el poder del marketing que incluso podemos encontrarás alguna persona que considere que no puede comenzar a practicar yoga (o cualquier otro deporte) si no tiene unas mallas X, unas zapatillas Y y un accesorio Z...

Llegado un momento, rondaba por mi cabeza, como practicante y también como profesora de Yoga, una serie de cuestiones que tal vez puedan ayudar a alguna persona que se acerque a esta disciplina milenaria y se haga la pregunta, ¿qué preciso para practicar Yoga?. Pues bien... desde mi punto de vista, habrán factores que marcarán que una persona perciba que realiza perfectamente su práctica "con sólo una esterilla" o que pueda precisar de alguna que otra cosa más. Allá vamos.

En primer lugar debo recordar que no somos hindúes, sino occidentales. Esto aunque parezca obvio, se pasa por alto la mayoría de las veces. ¿Y por qué digo esto?, pues porque las culturas son totalmente distintas y por tanto, el modo de vida. Mientras ellos están acostumbrados a vivir el Yoga desde niños; en el día a día su cuerpo se amolda y flexibiliza también debido a que sus muebles son distintos y escasos (por lo que sus caderas están muy abiertas), nosotros pasamos gran parte de nuestra vida sentados en sillas (colegios, oficinas), sofás en el hogar, etc. Nuestros cuerpos aunque aparentemente iguales, son bien distintos en movimiento y elasticidad. Aclarado esto, tal vez comprendamos mejor que en la cuna del Yoga puedan realizar todo tipos de calentamientos y posturas (karanas y asanas) en el suelo o con una simple alfombra y esterilla, mientras nosotros buscamos más comodidad y mimo a la hora de entregar nuestro huesos y articulaciones a la práctica sobre pavimento. Es por ello por lo que, en función de la persona y sus condiciones, serán precisos o aconsejables una serie de accesorios u otros.

Para una práctica de Yoga en casa, sin dejar en ningún momento de lado el acudir a clases periódicas con un/a buen/a profesor/a (como ya indicaba en Con un par de clases), considero básico tener una buena esterilla... incluso tal vez dos... Para ello seguro os viene genial el artículo del que hablo nada más comenzar esta entrada. La esterilla de Yoga debe adherirse al suelo lo suficiente para que no se produzcan deslizamientos que puedan dar lugar a resbalones y caídas. Por otra parte, también debe de aportar cierto acolchamiento a vértebras y articulaciones. Sin embargo, si consideramos que para posturas de pie y de equilibrio, conseguimos una mejor estabilidad fuera de la misma (en el propio firme, por ejemplo) puede ayudarnos el tener dos esterillas: una fina para saludos, posturas de pie, transiciones, equilibrios... y otra un poquito más gruesa para calentamientos en el suelo, relajación, saludos y posturas de rodillas, etc. También existe la opción de colocar una esterilla sobre la otra, en determinadas ocasiones o bien, colocar una manta doblada a lo largo, con el fin de encontrar un mayor acomodo para columna; o doblada en cuatro o más para las rodillas (es importante proteger las articulaciones y más aún, si hay alguna molestia), e incluso enrollada para acomodar en posturas. Es así como las mantas se convierten en otro accesorio importante y fácil de encontrar y utilizar para algunos momentos en nuestra práctica, y también para taparnos en la relajación, ya que la temperatura corporal desciende. Aconsejaría tener un par de ellas tipo viaje que seguro nos vienen de perlas. También viene muy bien hacerse con una cinta larga, tipo cinturón de judo o karate y una cinta cosida (puede ser el mismo cinturón, doble y con costuras a cada palmo, aproximadamente).

Llegamos al zafu, no es indispensable, pero viene fenomenal y no sólo en la postura sentada de meditación, sino para múltiples posturas con el fin de realizar un yoga más terapeútico y restaurativo. Así como bloques o ladrillos de yoga, siempre de dos en dos, no cometáis el error de tener sólo uno como me pasó a mí al principio. Y con esto... en principio daría por terminados los elementos aconsejados para una práctica de Yoga en casa.

Otra cosa es lo que podamos encontrar en una sala o centro de Yoga al que acudamos periódicamente y en donde, siempre podremos elegir llevarnos nuestra propia esterilla... Personalmente, en mis clases, utilizo todo lo que tengo a mi alcance siempre y cuando el alumno lo precise: Cojines, mantas, pelotas, sillas, escalones de estep, cintas, cinturones… Llevo siempre mi esterilla, zafu, ladrillos, cintas... todos ellos suelo dejarlos si es preciso o colocar yo misma adaptando a los alumnos cuando veo que en algún ejercicio o postura es preciso. Todo para que los alumnos obtengan la máxima eficiencia en cada ejercicio, no importa la fase en la que cada uno de ellos esté, tal y como me lo transmitieron mis maestras de Asociación Alicantina de Yoga.

Muchísimas veces habremos escuchado y/o leído que el Yoga es para todos, y así es… pero entiendo las reservas de algunas personas cuando las redes sociales están saturadas de fotografías con asanas muy avanzadas, e incluso, a veces, rayando la acrobacia. Pero señores, esto no es la realidad del día a día. La realidad es que bastantes de las personas que se acercan al Yoga lo hacen desde la “desesperación”... y ¿por qué digo esto?, porque acuden buscando solución para molestias, dolencias físicas y emocionales, enfermedades... Llegan al Yoga agotanto otras posibilidades y como recomendación de médicos, fisioterapeutas, amigos o familiares que ya son practicantes y ya se ven beneficiados de sus beneficios. De esta forma cada uno/a se presenta en clase con su “mochila” cargada: de problemas, límites y circunstancias personales. Como profesor/a es tu misión guiarles para aceptar su situación y comenzar a construir desde su momento, con respeto, reconociendo y admitiendo sus limites, trabajando poco a poco y cada uno a su ritmo para así ir reconociéndose y labrando su mejorado ser, permitiéndose despertar y llevando conciencia a cada zona de su anatomía (no sólo física). Para ello, como digo, en más de una ocasión son fundamentales los accesorios y apoyos, realizando si es preciso, clases más terapéuticas y restaurativas, en las que las personas que precisen apoyos los tengan y los que no, puedan desarrollar su práctica de la misma forma, pero en la que todos, trabajen y sientan que al final de la clase su energía se ha desbloqueado y equilibrado.

Por tanto, nadie como uno/a mismo/a, para, una vez instaurada una práctica y reconociendo su momento y su verdad, considerar qué puede precisar en su hogar, con el fin de tener una práctica en la que consiga los mismos objetivos que en una clase guiada, sin dejar en ningún momento la misma.

Por último decir que en mi caso no dí con la esterilla idónea a la primera (seguro me hubiera venido muy bien el artículo de Noelia). La primera fue una esterilla muy, pero que muy normalita. Pensada para simplemente no estar directamente en el suelo a la hora de hacer algo de gimnasia (ni siquiera me había iniciado por aquel entonces). La segunda fue ya una esterilla más próxima al Yoga, con un grosor que la hacía muy cómoda para las posturas de suelo, pero horrorosa para las posturas de pie y para los saludos y transiciones (resbalaba en el suelo y se estiraba en los guerreros). La tercera ya fue toda una “esterilla de Yoga”, de menor grosor, con perfecto agarre en suelo y en su superficie… sin embargo era demasiado fina a la hora de realizar posturas en suelo (aunque lo fui resolviendo con una manta doblada) y comenzó con el tiempo, a “deshilacharse” por lo extremos. La última (que adoro y que utilizo actualmente), es una esterilla de yoga más “normalita”, con un poquito más de grosor, buen agarre al suelo y que no desliza. Así que, mi consejo, es que pruebes la esterilla antes de comprarla. Si, tal cual, no te cortes, en el comercio, centro comercial, gran superficie, sea donde sea. De hecho, por ejemplo en Decathlon, tienen esterillas “de prueba”, así que colócala en el suelo y prueba su comodidad, agarre y deslizamiento: túmbate en ella, ponte de rodillas, realiza alguna transición con el fin de comprobar si se ajusta a tus necesidades. En el caso de que se trate de una esterilla que sólo puedas adquirir por internet, mejor si conoces a alguien que la tenga. Siempre podrás quedar con él o ella, verla e incluso probarla un momentín. Así ya, una vez comprobado que justo es esa la que quieres, podrás pasar a la acción, entrar en la web correspondiente e invertir en una buena esterilla con la confianza de que se ajusta a tus expectativas.










viernes, 3 de junio de 2016

Dandasana: Trabajando la sedestación, alineación y extensión

Asana básica que nos sirve de preparación para asanas que comienzan en la postura de sedestación. Por lo general, en la sociedad en la que estamos sumergidos, no tenemos una buena postura trabajando, al ordenador, comiendo, etc. Sólo sentándonos de forma correcta y en sillas/sillones que facilitaran esto, estaríamos trabajando el nuestra higiene postural, nuestra musculatura y nuestra base, pero lamentablemente esto no es así... Vamos a ver el asana.



Dandasana (Postura del Bastón)

Etimología: Danda (Bastón, Vara, Báculo o Palo) – Asana (Postura).

Asana de Extensión y Alineamiento.


Dandasana
Danda (Bastón, Vara, Báculo o Palo) – Asana (Postura)
Postura del Bastón
Asana de Extensión y Alineamiento

Construcción
Sentados en el suelo, sobre la esterilla con las piernas estiradas al frente y juntas. Debemos de estar bien apoyados sobre los isquiones, a partir de los cuales se construirá el asana. Los pies quedan con la planta extendida y los dedos apuntando al techo, o ligeramente hacia nosotros con el fin de estirar bien toda la musculatura posterior de las piernas. Intentamos llevar las corvas lo más cerca del suelo. Llevamos los brazos a los lados, con los pulgares hacia adelante, a la altura de las caderas. Apoyamos las yemas de los dedos de forma que la mano, quede hueca, como en garra y la presión hacia el suelo se ejerza a través de los dedos. Los codos quedan flexionados y hacia atrás para ayudarnos a la extensión de la columna vertebral y también nos permitirá alejar los hombros de las orejas. Situamos nuestra atención ahora en las escápulas, que se acercan la una a la otra, y ahora las llevamos hacia abajo y hacia adelante. El efecto es inmediato, el pecho se abre y expande. Elevamos tórax tirando del esternón. La cabeza se sitúa sobre la columna vertebral para seguir todo su eje, cuidando de que la nuca esté estirada,  por lo que realizamos una pequeña retroversión de cabeza-cuello (esto se consigue desplazando en horizontal, es decir, en línea recta, el mentón hacia atrás, hacia la garganta), y mirada al frente.

Siente como se estira y alarga toda tu columna vertebral, como se va creando espacio entre la vértebras y como creces desde la firma base de tus isquiones, hacia la coronilla.

Permite una expansión intervertebral y la rectificación de las curvas de la columna.

Hay otra versión del Asana apoyando las palmas de las manos en el suelo, pero el estiramiento es menos intenso.

Este asana es la base para cualquier flexión en el suelo, y para realizar torsiones.


Apoyos

Si nuestro cuerpo aún no está preparado para sustentar el asana y perdemos el apoyo de los isquiones, desplazándose o inclinándose nuestro tronco hacia atrás, no debemos preocuparnos, al principio podemos colocarnos una manta doblada bajo los isquiones con el fin de bascular la pelvis y permanecer mejor en la postura, mientras nuestra musculatura va trabajando con el fin de recuperar su tonificación.


Efectos


Danda significa bastón o vara. El nombre nos indica que permite extender la columna vertebral linealmente como una vara. Aunque algunos no se molestan en describirla, es un asana fundamental, ya que la mayoría de las personas que comienzan a practicar Yoga tienen dificultad en estirar el tercio inferior de la espalda (cuadrado lumbar). Este asana es ideal para ello, gracias al empuje de los brazos, se permite que la columna se extienda por completo. Abre el pecho y los hombros y estira la nuca gracias al efecto de Jalandhara Bhanda (-cierre de la garganta- aunque también se puede practicar sin el bhanda). Nos sirve de preparación para asanas que se realizan en posición sentada, en la que se precisará firmeza en las piernas para poder ajustarnos a dichas posturas; de esta forma, comenzando en Dandasana nos aseguramos tener presente las piernas en los asanas sentadas.

Cuando la postura está alineada, los músculos están haciendo su tarea correspondiente y los huesos actúan conforme a su papel principal, es decir, ser sostén del esqueleto.

Una alineación correcta favorece la circulación, crea un mayor espacio interior y aporta un equilibrado flujo de energías aumentando la saludo y el bienestar.

El desarrollo de la consciencia de nuestro cuerpo, de nuestra alienación en él, es otro camino que nos acerca a nuestro ser más divino y esto se ve reflejado en todos los aspectos de nuestra vida.


Mi experiencia

Posiblemente mis sensaciones fueron las mismas que para cualquier practicante de Yoga que comienza o no tiene una buena sedestación, dado que la faja abdominal o cintura pélvica está descuidada. Y digo bien... descuidada, puesto que no nos sentamos bien... y no trabajan los músculos abdominales, sustento de la base de nuestra columna, junto con nuestra pelvis.

La primera vez que comenzó la clase e iniciamos con la postura del bastón para establecernos en postura para el calentamiento, me resultaba muy difícil mantenerme y mi tronco se inclinaba hacia atrás a la vez que mis abdominales se quejaban. 

Por lo general, suele ser un "duro golpe" para nuestro ego porque, pensándolo fríamente "sólo estaba sentada", no estaba realizando nada aún... Y si al inicio de la clase tenía esta sensación desde una posición de sentada, ¡madre mía, qué pasaría después!. 

En este caso y sin saberlo, el alumno está dando mucha información, puesto que en función de su postura de sedestación, el/la profesor/a irá tomando nota de qué debe comenzar a trabajar. Mi cuerpo hablaba por sí solo, me informaba a mí, puesto que se trataban de nuevas sensaciones, e informaba por supuesto a mi maestra de gran parte de mis "debilidades".

Sin embargo, a medida que tu cuerpo va trabajando y tonificándose y que vas tomando consciencia, cada vez resulta menos costoso mantener el tronco recto y sientes que la postura es cómoda, que creces, que tu columna se alarga creando espacio entre las vértebras y que la energía encuentra paso a través de la columna, elevándose por la misma.

Aunque llegue un día en que sientas "que has dominado el asana", no lo creas, acalla a tu ego, porque en ese momento habrás dejado de avanzar. El asana nunca será el mismo, siempre habrá algo nuevo que descubrir en la postura y en tu ser durante su realización.


¿Qué hacer si...?

Si por cualquier circunstancia (lesión, edad, etc.) no podemos sentarnos en el suelo para su realización, qué podemos hacer:

Sentado: En el caso de que la persona no pueda colocarse en el suelo para realizar el asana, podrá efectuarla en una silla. Podremos colocar otra silla del mismo tipo y altura para los pies, con el fin de que pueda sentir mejor la posición y el estiramiento de las piernas. Podrá colocarse sentada un poco más adelante en el asiento (desde la mitad del asiento hacia adelante, aproximadamente), para dejar sitio a las manos y sentir también así mejor el apoyo sobre los isquiones.

Acostado (decúbito supino): En este caso la postura de Dandasana no es factible, realizaremos Tadasana tal y como lo expliqué en fecha 20 de Mayo, en el mismo apartado "¿Qué hacer si...?".


Ya podéis ir practicando y trabajando la sedestación, ¿cuál es vuestro punto de partida?.

Namaste.